Sidahmed Mohamed "Sidi", un hombre Saharaui de 45 años, que vive con nosotros durante la mitad del año aproximadamete, y la otra mitad la pasa entre el campamento saharaui de Tinduf, en Argelia, donde vive parte de su familia y su esposa, y su pueblo natal de la zona libre del Sahara cerca ya de la frontera sur con Mauritania.
Así pasa los meses de más calor en España y los más "fríos" en su tierra natal, y todo esto gracias a un visado especial que tiene por padecer una enfermedad muscular que sólo puede tratar en España. Así lleva ya 8 años con la Fundación, y su historia es una historia real, de un hombre que aquí y donde vaya representa todo un pueblo, que sin tener tan siquiera nacionalidad, le sobra corazón, paciencia y humildad. Un ejemplo andante, creyente aférrimo de la predicación a través del ejemplo y el respeto, en todos los aspectos, fisico, moral, religioso, personal, colectivo...
A continuación os presentamos, a petición del propio Sidi, una entrevista que publicó el diario "La Vanguardia"a un personaje con una vida muy parecida a la suya.
Este post va dedicado a Sidahamed, que hace unos días emprendió su duro viaje de regreso al Sahara donde pasará los siguientes 6 meses. Esperamos su feliz estancia y su regreso sano, y desde aquí mandamos un mensaje de apoyo al pueblo Saharaui¡¡ Os invitamos a acercaros más al conflicto que vive este pueblo, todo el mundo que lo ha hecho a través de Sidi ha quedado marcado. Como él dice "Sahara es región libre, y como tal debe decidir su futuro, no que otros decidan por él..." "Marruecos está abusando de la debilidad Saharaui, Argelia está ayudando y acogiendo y la ONU no ejerce de verdad su poder internacional, sólo gestiona ayuda humanitaria. Si de verdad queremos salir adelante, España debería actuar protegiéndonos, pero tampoco quiere... nuestro bienestar no interesa políticamente a la comunidad internacional".
http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_Sahara_Occidental
FOTO: DANIEL MIGUELA
Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a: MOUSSA AG ASSARID,
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.
- ¡Qué turbante tan hermoso...!-
Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?-
Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?-
Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?-
Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?-
Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?-
Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?-
Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?-
Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..-
Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...-
Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?-
Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?-
Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...-
Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿Por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?-
¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?-
Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?-
Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?-
De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.-
Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad...!-
Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra....
Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?-
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa...
En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.-
Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...-
Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...-
Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo....